Cómo es un día normal en un colegio irlandés: lo que ningún folleto te cuenta

Imagen de estudiantes en colegio de Irlanda

Hay información que es fácil de encontrar: el visado, los trámites, el calendario de vacaciones, el seguro médico. Pero hay algo que pocas guías cuentan bien, y que en realidad es lo que más importa cuando tu hijo parte por un año a Irlanda: ¿Cómo es un día normal en un colegio irlandés en detalle?

Así es un día en su nueva vida.

7:30. El despertador suena antes que en España

El día empieza más temprano de lo que están acostumbrados. Las clases arrancan entre las 8:30 y las 9:00, así que hay que salir de casa con tiempo. La mayoría de los estudiantes van caminando o en autobús escolar, y ese trayecto, aunque al principio da algo de vértigo, se convierte rápidamente en el primer momento del día para practicar inglés con los compañeros.

Y antes de salir, hay un ritual que en España no existe: el uniforme. Cada colegio irlandés tiene el suyo, con sus colores y su escudo. Camisas, pantalones o faldas, y en algunos centros también blazer. Al principio puede parecer extraño, pero los estudiantes lo agradecen enseguida: nadie se preocupa por la ropa, todos van igual, y eso es una forma silenciosa de pertenecer.

9:00. Primer timbre. Y a moverse

Aquí empieza una de las grandes diferencias con el sistema español: en Irlanda, no es el profesor quien va al aula, sino el alumno quien va al profesor. Cada asignatura tiene su propio espacio, y entre clase y clase hay un pequeño movimiento de estudiantes por los pasillos. Las taquillas están siempre a mano para dejar los libros del turno anterior y recoger los del siguiente.

Las clases duran 50 minutos y hay entre 6 y 8 asignaturas al día. Inglés y Matemáticas son obligatorias, pero el resto varía: Geografía, Historia, Ciencias, Idiomas, Business, Arte Dramático y también materias que directamente no existen en los colegios españoles, como Escritura Creativa, Pre-ingeniería, Diseño o Home Economics, que vendría a ser una mezcla de cocina, economía doméstica y vida independiente.

Las aulas tienen entre 17 y 25 alumnos. El ambiente es más cercano de lo común en España: los profesores preguntan, escuchan, bromean. No hay esa distancia formal que a veces se siente en otros países. Los estudiantes participan, proponen, trabajan en grupos. Cuando hace sol, que no es siempre, no es raro que el profesor decida salir al exterior y dar la clase sobre el césped.

11:00. El recreo del bocadillo

A media mañana hay una pausa. Y aquí viene algo que conviene saber de antemano: en la gran mayoría de los colegios irlandeses no hay comedor. Nada de menú del día ni bandeja con primer plato y segundo. Los estudiantes traen su comida de casa, un sándwich, una pieza de fruta, algo que la familia de acogida les ha preparado esa mañana o compran en la cantina del colegio si la hay.

Es una costumbre muy diferente, pero que se integra rápido. Muchos estudiantes españoles acaban disfrutando de esa pausa informal: se sientan con sus compañeros, comen sin prisa, hablan. Es en los recreos, más que en clase, donde se forjan las primeras amistades.

13:00. El almuerzo: la pausa más larga

Hay una segunda pausa, más larga, para comer. Mismo sistema: bocadillo en mano, tiempo libre, conversación. Es el momento de ordenar taquillas, adelantar algo de tarea o simplemente estar.

15:30. Suena el último timbre

La jornada termina entre las 15:30 y las 16:00. Pero para muchos estudiantes, lo mejor del día empieza ahora.

Los colegios irlandeses tienen una cultura extraescolar muy activa. Un día a la semana está dedicado al deporte, y los estudiantes acuden con ropa de deporte o el chándal del colegio. La oferta es amplia: rugby, baloncesto, hockey, atletismo, fútbol y también deportes que probablemente tu hijo nunca haya visto en persona.

Para quien prefiere otro tipo de actividades, los colegios también ofrecen clubes de debate, grupos de música, coro, orquesta y actividades científicas o medioambientales.

18:00. De vuelta a casa

Al final del día, tu hijo llega a casa de la familia de acogida con algo que no se mide en libros ni en notas: horas de inglés real, conversaciones inesperadas, nuevos amigos, y la sensación de que este sitio tan diferente empieza, poco a poco, a sentirse familiar.

Eso es lo que pasa en un colegio irlandés un martes cualquiera. Y es más de lo que parece.

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